Esta historia le ocurrió a mi compañera de piso en Barcelona, Pilar. Cuando me la contó, no pude más que transcribirla, y aquí la tenéis tal cual ocurrió:
Estaba tendiendo la ropa cuando he visto a nuestro vecino Enrique asomado por la ventana de su piso hablando en voz alta y aguantando una pistola. Él me ha visto y esta ha sido nuestra conversación:
Enrique: Hola
Pilar: Hola ¿estás hablando solo?
Enrique: No, estoy hablando con el árbol. Es que es un árbol muy especial. Llevo varios días observándolo y las ramas le crecen y se encogen.
Pilar: Ah…
Enrique: He cortado un trocito de rama que estaba al lado de mi ventana, me he ido y cuando he vuelto, había retrocedido.
Pilar: Hombre, pues ya es raro, ya. Yo he visto ramas que cambian la forma, pero encogerse…
Enrique: Sí, sí. Además, el tronco tiene por arriba unas luces amarillas que van dando vueltas. Sube y las ves.
Pilar: No, si ya las veo desde aquí. ¿Qué tienes ahí? ¿Una pistola?
Enrique: Sí, es de perdigones. Estaba amenazando al árbol.
Pilar: ¿Y eso?
Enrique: Es que aquella hoja de ahí me ha tapado la cara del árbol.
Pilar: Claro.
Enrique: Sí, estaba mirando la cara del árbol y la hoja se ha puesto delante para que no mirara.
Pilar: Vale, luego saldré para ver si ha crecido.
Enrique: Sí, ya verás, ya verás.
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