Entré en el avión que me llevaría de Barcelona a Atlanta y después a Los Angeles , teníamos muchas horas de vuelo por delante. Cuando encontré mi asiento, había ya una veinteañera sentada en mi misma fila, nos separaba una butaca. Ocupé mi sitio mientras el resto de pasajeros seguía entrando.
Llegó un jovencito y se sentó entre la chica y yo. Le dijo "hi" a la chica y se acomodó. Antes de que el avión hubiera despegado, se estaban presentando.
El chico le contaba que era catalán y viajaba a conocer California, ella había estado en España de vacaciones y volvía a casa, a San Diego. Despegamos. Cuando el comandante dejó que nos quitáramos los cinturones, ella le mostraba a él fotos de su viaje. Toledo. Sevilla. Barcelona. Reían. Él le contaba la ruta que iba a seguir en su aventura californiana. Ella le contaba anécdotas de su viaje por España. Cuando alcanzamos la velocidad de crucero, se cogieron de la mano. Seguían hablando, conociéndose, disfrutando del vuelo. Mientras aterrizamos, se estaban besando. Amor en las alturas, sin lugar a dudas. Cuando el avión estaba aparcando, se intercambiaron teléfonos. Él iba a estar un mes por ahí, tal vez tendrían oportunidad de verse. Se sonrieron.
Y entonces llegó el momento de abandonar el avión. Y el chico se levantó. Y la chica se levantó. Y resultó que él era bajito, muy bajito y ella era alta, muy alta. Se miraron extrañados. La chica le dijo "bye" y se bajó del avión corriendo. Él no fue detrás.
jueves, 25 de febrero de 2010
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