domingo, 13 de septiembre de 2009

Metro de Bellas Artes

Mario es uno de mis mejores amigos y vive en Ciudad de México. Hace unos años fui a visitarle. El avión llegó por la noche, fuimos a cenar y como andaba yo jet-laggeada quedamos en que al día siguiente mientras él estaba trabajando de 9 a 15, yo me quedaría en su casa, durmiendo lo que pudiera y a lo sumo saliendo a dar una vuelta por su barrio. Decidimos que nos encontraríamos a las 15:30 en la parada de metro más cercana a su casa para ya de ahí ir a comer juntos.


Por la mañana, cuando Mario ya se había ido y yo estaba durmiendo, sonó el teléfono de su casa. Lo cogí. Una voz masculina me preguntó por Mario. La voz me resultaba familiar…¿Roberto? ¡Soy Belén, la amiga española de Mario!


Roberto es un amigo de Mario al que había conocido en un viaje previo y con quien congenié en ese entonces. Lo último que sabía de él es que se había ido a vivir al sur del país hacía unos años. Así que fue una grata sorpresa descubrir que la razón por la que había llamado a Mario es porque se encontraba en Ciudad de México por un asunto de trabajo sólo por ese día y quería saber si éste tendría tiempo de ir a comer con él. Como no podíamos contactar con él y yo tenía muchísimas ganas de ver a Roberto, quedé con él a las 14 horas. Roberto me dijo que cogiera el metro hasta la parada de “Bellas Artes” en el centro y que me quedara quietecita en el andén hasta que él llegara.


Así que, aún sin poder avisar a Mario y ya rompiendo mi promesa de quedarme por el barrio, cogí el metro para ver a Roberto.


Cuando bajé en Bellas Artes, me puse a esperar a mi amigo, quien tardó un poquito en llegar, apoyada en la pared del andén y durante mi espera vi pasar unos cuantos trenes. Nos encontramos, fuimos a comer y regresé corriendo a mi punto original de encuentro con Mario, aunque llegué una media hora tarde, dadas las circunstancias.


En cuanto Mario me vio, noté que estaba un poco raro. Supuse que era por la sorpresa de verme aparecer por la boca del metro en vez de por la calle. Así que lo primero que le dije fue “¡No vas a creer lo que me ha pasado!” para acto seguido, contarle toda mi aventura del encuentro con Roberto.


¿Y dónde quedaron exactamente para verse? – me preguntó - En el andén del metro de Bellas Artes – le respondí yo.

Aliviado, Mario me dijo: No te lo vas a creer, pero te he visto.

- ¿Cómo que me has visto? –

- Sí, tuve que salir a hacer unos recados del trabajo y decidí coger el metro. Justamente tomé una línea que pasa por Bellas Artes. Cuando el tren paró en esa estación y se abrieron las puertas, estabas justo delante de mi, paradita, mirando hacia ambos lados de la estación, como buscando a alguien. Esa estación es una de las que se usan para compra y venta de drogas, así que no daba crédito, pensaba que tal vez habías venido aquí para hacer negocios turbios, en vez de para verme a mi...


En una ciudad con más de 15 millones de habitantes, esta historia es, cuando menos, curiosa.

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